ESTATUAS JIZO EN JAPÓN

Seguramente a lo largo de tu viaje por Japón te encuentres en más de un templo o santuario con pequeñas figuras de piedra con aspecto de monje con un gorrito rojo o un babero de tela, se trata de las estatuas Jizō (地蔵).

¿Qué son las estatuas Jizo?


Estas figuritas de piedra son una de las imágenes más entrañables y simbólicas que puedes encontrar en Japón. Como veníamos diciendo podrás encontrarlas en templos, cementerios, caminos y parques y detrás de ellas hay una emotiva historia sobre la pérdida, la compasión y la protección. Jizō es una figura venerada del budismo japonés, conocida como el protector de:

  • Las mujeres embarazadas y las familias, que acuden a él para pedir protección.
  • Los viajeros, a quienes tradicionalmente se pide protección durante sus desplazamientos.
  • Los niños, especialmente los que han fallecido siendo pequeños o incluso antes de nacer.
  • Las almas que sufren, a las que, según la tradición budista, ayuda en su camino hacia la salvación.


En el budismo, Jizō es un bodhisattva: un ser que busca la iluminación y dedica su compasión a ayudar a los demás. A menudo se le representa como un monje de cabeza rapada, con una expresión serena y, en ocasiones, con un bastón, una joya o incluso un molinillo de viento.


¿Por qué llevan gorritos y baberos rojos?


Lo que a primera vista puede parecer una decoración sin más de la propia figura, estos elementos está cargados de un profundo simbolismo:

  • Los gorritos rojos simbolizan cuidado y protección.
  • Los juguetes y los molinillos de viento son ofrendas depositadas por las familias que recuerdan a los niños pequeños.
  • Los baberos rojos son ofrendas que las familias colocan a las estatuas en honor a los niños y para pedir la protección de Jizō.


Las familias pueden colocar estas prendas como expresión de amor, recuerdo, duelo o gratitud. No son simples adornos turísticos: muchas tienen un significado profundamente personal.

La leyenda más emotiva de los Jizō está relacionada con los niños fallecidos.

Según una tradición budista japonesa, los niños que mueren muy pequeños quedan en una especie de limbo junto a un río llamado Sai no Kawara. La historia cuenta que intentan apilar piedras para construir pequeñas torres y obtener méritos espirituales. Pero, cada noche, unos demonios las destruyen y los niños tienen que empezar de nuevo al día siguiente. Es aquí cuando aparece Jizō.


La fábula dice que los consuela, los protege bajo sus vestiduras y los ayuda a cruzar el río hacia el más allá. Para hacerlo, renuncia simbólicamente a alcanzar su propia iluminación mientras haya seres que necesiten su ayuda. Esta leyenda ha dado mucho sentido a la devoción por estas figuras. Para las familias que han perdido un hijo, vestir una estatua de Jizō puede ser una forma de expresar que lo siguen recordando y cuidando allá donde esté.

¿Dónde puedes verlas en Japón?

  • Hasedera, en Kamakura
  • Sugimoto-dera, en Kamakura
  • Adashino Nenbutsu-ji, en Kioto
  • Kanmangafuchi Abyss, en Nikkō (alrededor de 70 figuras)
  • Zōjō-ji-en Tokio (1.300 figuras aproximadamente)

Ahora cuando veas en un templo estas figuras sabiendo lo que representan esos pequeños gorritos rojos dejarán de parecer una decoración curiosa y pasarán a contar una historia mucho más humana.